
El pasado mes de noviembre, en pleno apogeo otoñal y vacacional (puente de todos los santos), nos entró la morriña de un viajito, pero con el requisito de que fuera alguna especie de retiro campestre o montañero. Así que tras mucho buscar y llamar a casas rurales o similares, topamos, casi por casualidad, con un refugio, mitad mansión del siglo XVI, mitad caserón rural, llamado
Palacio de Riezu (el nombre proviene del pueblo en el que está situado). Este municipio está ubicado al norte de Estella-Lizarra, en el borde oriental del valle de Yerri, en una angostura que forman los montes de Iturgoyen. A 35 km. de Pamplona y 12 km. de Estella, al pie de las Sierras Urbasa y Andía; es decir, al oeste de Navarra.
Alojarnos en este palacio, en el que tan bien nos trataron y que me apetecía mencionar, ha sido una de las mejores decisiones que tomamos, debido a lo sorprendente del lugar . Por lo que pude captar los tres días que estuvimos allí, este caserón ha sido comprado por una familia holandesa, y como buen "guiri" del norte de Europa, el dueño se desvivía por ofrecernos toda clase de comodidades: cocina completa con todos sus utensilios y electrodomésticos para que los usaramos durante esos días (esa era la gracia, que allí tú te llevas tu comida y tú te la guisas, nunca mejor dicho), la chimenea siempre dispuesta, nos ponía cd´s de jazz mientras cenábamos y nos ofrecía vino...en definitiva, nos daba todos los recursos que estuvieran en su mano para que la estancia fuera de lo más placentera...siempre dentro de un entorno rural, claro está. Pero lo llamativo de esta casona, y lo que la hacía especial, era la decoración en sí: una mezcla entre objetos de coleccionista, antigüedades, flores secas, muebles rústicos, un piano, una chimenea...Y PARA LAS PAREDES, LAS TÍPICAS LÁMINAS ENORMES QUE NOS PONÍAN EN EL COLE CON EL MAPA DE EUROPA, LA ESTRUCTURA DEL OJO Y EL CEREBRO...en definitiva, decoración que no pegaba nada, pero que en ese caso eran totalmente permisibles y hasta le daban un toque original.

Luego ya entramos en las habitaciones (que están tematizadas) y es cuando nos quedamos del todo fascinados; la nuestra concretamente se llamaba "El Perfume", y estaba dedicada al libro de Patrick Süskind , así que lo menos que encontramos fué un ejemplar en alemán de la citada obra y un cuadro enorme en el cabecero de la cama con el poster de la película...el resto de la habitación la muestro en las fotos, que no tienen desperdicio.
Eso respecto a la estancia en ese pueblecito perdido y sin cobertura, pero lleno de encanto, llamado
Riezu. Como no nos quedaba otra, decidimos explorar los alrededores, y así todos los días los llenamos de actividades más o menos "moviditas" . Tras ver un poco el municipio, de lo que destaco el nacimiento del río
Ubagua, nos desplazamos a
Abárzuza, donde se encuentra el
Monasterio de Irantzu, a la par que una ruta para hacer senderismo. También estuvimos visitando el pueblo de
Estella, y allí, su
iglesia de San Pedro de la Rúa, el
castillo de Zalatambor, la basílica de
Nuestra Señora de Puy y el
museo Gustavo de Maeztu (que, por cierto, nos encantó su obra pictórica llena de colorido), entre otros monumentos.

Y ya el último día lo dedicamos a recorrer la sierra de
Urbasa, en busca del tesoro que esconde en sus entrañas: el nacimiento del río
Urederra. Así que tras unos cuantos de kilómetros montaña arriba (que nos os eche para atrás esta expresión porque realmente la caminata se hace agradable), deleitándonos con las diversas cascadas que se producen a la bajada del río, los pequeños lagos de aguas de un color indescriptible, el que refleja fielmente la fotografía, puentecitos pequeños de madera, vegetación que invita a perderte y a encontrar algún que otro gnomo o criatura del bosque...por fin al orígen del riachuelo, por supuesto, de una belleza excepcional.

Así que, tras lo expuesto, os animo plenamente a que paséis unos días por aquella zona con tanto encanto; os aseguro, que al igual que lo que yo viví esos días, a vosotros también os dejará huella.